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SPINNING PESADO SOBRE UN TERRENO 

Por Carlos Redruello "Sargoloco"

 

Nota del autor:

"Estimados colegas, os presento un trabajo acerca de spinning pesado; espero
que lo disfrutéis y sepáis disculpar cualquier error u omisión, cuya
responsabilidad sólo es achacable a una mente "apasionada" por la pesca...un
abrazo"

 


Comenzamos...

Hablemos de spinning a partir de una cifra, pongamos por ejemplo los 40 gramos. Se entra de lleno en un territorio sugerente, dominado por la inquietud de un “arrebatado” que deambula, en actitud nihilista, sobre quebrados cuya función en la vida consiste en una continua oposición al martillazo de la borrasca; sólo engendrará el legado periódico de alguna migaja, pues el agua permanece incólume.

Paráfrasis repleta de esa devota admiración, de ese estoico profesar, de religión yodada...

No puede ser de otra forma, con la somera contemplación de cualquier mapa de costa: cabos recónditos, geografía ignota; pedreros y salientes, cincelados con fragor; una ensenada de cantos, cuarcitas cobijadas por la gravedad. De vez en cuando, salpica el uniforme mineral esa bella playa abierta a marejadas; otras veces, un arenal tranquilo, impoluto, bajo tutela de ría o estuario.

Aún restan meses para rescatar, con ciertas garantías, la vara de 2,70 metros. Los señuelos de superficie aguardan, celosos, la llegada del acaloramiento, del esplendor lumínico.

Alejado pescador de ese estallido vital que arrobó lubinas, que despachó  hambre de otoño, gracias a la génesis oculta bajo la arena, arremetida entre cantos, con el soporte de algas propiciada. Ahora, una simple excursión de un disco solar atenuado que se contenta con emerger –a duras penas- ya entrada la mañana, y concluye tan banal procesión al poco despertar de la provechosa siesta... Celsius desmoronados, en caída libre sobre un litoral a merced de la onda de fondo, de la helada que por ósmosis atenaza el cuerpo quebrado del pescador de angula; penitencia que combatimos, apasionados del spinning, con el lance brusco, determinados a planear sobre esa espuma que pule la pared de esa bella roca, a setenta metros del blanco que golpea un vadeador resignado.

Doy por hecho que el róbalo sabe de qué se trata, y será predecible un comportamiento reticente a entrar en los dominios de playas que hace varias lunas dejaron de ser rentables. Ahora, no desisto de entenderme con ese amigo de gran mandíbula y extraño proceder, que seguro se atrinchera en puestas dotadas de un fondo acrecentado, que además dedica un preciado tiempo a proyectar su futuro reproductor, que se ve tentado por aparejos despiadados (como el piedra-bola) cebados con patexo, hasta la saciedad.

Entremos en materia-les...

Tampoco exageremos... lo digo por el material a emplear: será más que suficiente con una caña de unos 3,6 a 3,9 metros de longitud, valiendo un modelo de surfcasting o tal vez mejor un formato especialmente concebido para esta técnica. Lance pesado sobre rocas, sobre playas batidas; un ojo puesto en la mar, otro en el lance y recuperación.  Los estratos de potencia son indicativos a lo sumo, ya que el aspecto fundamental siempre se descubre al probar la caña en condiciones reales de pesca. No obstante, desearía acertar al recomendaros seleccionar cañas que cumplan al menos con un arco entre los 50 y los 100 gramos; ello no hará que descartemos complicaciones.

Caña de dos o tres tramos. Cuanto menos cortes en el blank, la fibra de carbono presentará menos puntos débiles. Ya se “vareaba” con cañas de un solo tramo, de bambú cortado en menguante y secado durante meses. Pero no queda otra que conformarse con las dos tramos que bien se encargan de incomodar más de la cuenta; y el término medio, que corresponde con tres tramos .

Al final de tanto desasosiego, y como opción personal, siempre acabo por adquirir la telescópica; encima, de calidad media, nada a de alta gama. A sabiendas que mi elección no resulta de lo más ortodoxa, la dejo a vuestro criterio. Deslizantes senderos obligan a mantener libres ambas manos, buscando extremar la prudencia. Bajo este panorama, se antoja un engorro portar la vara de dos tramos; ni tan siquiera resulta práctica la de tres. Sin embargo, el formato telescópico se adapta con perfecta sintonía al interior de esta mochila que nunca olvido. Tened en cuenta que la práctica del spinning pesado se puede compatibilizar con la tienta de otras especies, a boya o a fondo (con lo cual podremos acabar sobrecargados con material). El modelo de 3,60 metros (hasta los 4,20metros) de longitud será ideal, provisto de buenas anillas, con un cuerpo en carbono de alto módulo y disponiendo de una capacidad – en  potencia-  que varié en torno al estrato 60-150 gramos. Las varas destinadas a surfcasting se adaptan a tales premisas y para la técnica de que hablamos no se descartará su empleo.

Cincomil o seismil, gradación  no homologada por las marcas pero que da una idea del tamaño y capacidad del carrete. Con esta elección no queda otra que alzar la vista sobre el mostrador de alta gama de las marcas de reconocido prestigio como Daiwa, Okuma, Quantum, Shimano, Abu garcía... más que sobrados vamos si se trata de deparar en el carrete ideal. Pero la calidad lleva aparejado un cierto - en ocasiones exagerado- desembolso.

Podemos contentarnos con un Okuma Alumina (relación calidad precio), un Tica libra, un Daiwa regall o Júpiter, Shimano technium... que cumplirían de sobra si nos hubiésemos dedicado –en esta ocasión- a lanzar artificiales de peso medio. Pero si hoy estamos enfrentados a la dura ola de invierno, enviando al cielo señuelos de 75 gramos, que hay que recoger, que se enganchan, que “machacan” los mecanismos internos... la idea más sensata será acompañarse de una máquina algo más poderosa, un 6000 igualmente de una garante procedencia. Pasaremos de un peso contenido (300-450 gramos) a un aparato de más de medio kilo; pero al final, acabaremos por reconocer las virtudes añadidas (capacidad mecánica, longevidad...)

Los carretes diseñados para surfcasting en playa se vienen destinando al lanzado de señuelos. Se busca una bobina cónica alargada, con gran capacidad de lance, junto a potencia mecánica. Para mi gusto, estas virtudes esconden algún defecto que hace que no me entusiasmen. Uno de esos “peros” se encuentra en el ratio de recuperación que suele ser algo lento (entre 3,5/1, 4,2./1) en los modelos convencionales, lo que se traduce en una menos agilidad de manejo; además, el diseño de manivela y la propia estructura del artilugio hace que sean más adaptados a pesca con cebo en playa, donde la velocidad de recogida y el peso (entre otros factores), no suponen un aspecto tan relevante. Por último, en un proceso de lance continuo, esas bobinas tan largas es mejor situarlas en la posición más alta posible (con relación al eje), regulación que conlleva su intervalo, eventualidad que marca un  tacto digamos que engorroso.

Características: recogida a espira cruzada, bobina diseño moderno, rodamientos de calidad y un sistema pick-up –importantísimo- eficaz y resistente. Mucho trabajo nos espera si de lanzar y recoger mil y una veces se trata.

Otra vez la duda acerca del hilo...

 

Cuando llegó a España el primer multifilamento dyneema, ya adquirí una bobina (fireline) con adolescente entusiasmo; pero, cual fue mi desilusión al comprobar la primera peluca. Claro, que ese carrete no contaba con los recursos de ingeniería comunes en la actualidad. En el presente, siempre empleo Súper-líneas, tanto fusionadas como trenzados. Entre los fusionados, de los que disponemos pocas – pero excelentes- especificaciones, casi se debe acudir al fireline: una bobina con el 0,17mm y otra con el 0,25mm subvendrán cualquier situación real de pesca de lubina. NO dejéis de probar el formato Cristal line, elaborado mediante un procedimiento que le vuelve traslúcido dentro del agua; toda una ventaja, sin duda, más teniendo en cuenta que no pierde resistencia.

Elegiré un braided, a partir del 0,17mm y de unas siglas prestigiosas, como las que ya conocéis: Spiderwire, Tuf xp, Power-pro, Adrenaline, Whiplash Pro, Rápala titanium... sólo mencionando aquellas que de verdad he utilizado.

Destacaría la polivalencia y suavidad de casting que se alcanza con la fibra fusión de Berkley y la resistencia a la abrasión del Tuf-xp. El whiplash pro es oneroso, pero uno de los mejores braided del mercado, con una resistencia a la abrasión y a la tracción realmente idóneas. Tened en cuenta que la medición varía de una casa a otra. De acuerdo con la capacidad de la bobina de mi Stella 6000FA (sin acudir al uso del micrómetro),  calculo que un 0,17mm de Whiplash pro equivale a un 0,25mm de Spiderwire Ultracast (uno de los mejores braided que he probado) que sobresale –este último en ductilidad, afinada calibración y resistencia al roce abrasivo.

Par el lance de chivos pesados en aguas tumultuosas y desde cantil difícil no bajo del 0,25mm si se trata del Spiderwire, del 0,28mm en el caso del Tuf y el Power Pro y del 0,21mm en el Whiplash pro. Las diferencias de distancia no son determinantes en los trenzados, ya que las secciones menores llevan aparejado mucho menos peso y (sobre todo con viento en contra) ven atenuada su capacidad para ganar metros; en esas condiciones adversas, un formato mayor es más recomendable, siempre que nos permita llegar con el señuelo al bajo productivo.

Si optáis por monofilamento, sin duda hay que demandar aquellos artículos que garanticen al menos estas fundamentales premisas: poca memoria, baja elasticidad y resistencia a la abrasión. Hay en el mercado multitud de opciones que no son posibles de contabilizar en este artículo genérico. Sí os recomiendo no bajar de un buen 0,40mm de sección, dado el panorama sobre el que vamos a actuar, como vemos dentro de unas líneas.

Conectar el señuelo es bien fácil

 

La conexión con el artificial la podemos plantear de dos maneras, principalmente:

  • Directa, del mono o del hilo trenzado, mediante un nudo sobre un mosquetón o grapa, elemento al que se sujeta con gran facilidad el señuelo.

 

  • Indirecta, mediante la confección de un bajo de línea: tendrá (variará según preferencias) cerca de un metro de longitud, en monofilamento de gran calibre, al menos del 0,50mm de espesor, resistente a la abrasión, al nudo y dotado de un coeficiente bajo de visibilidad. Deberá aguantar sin problemas las cargas elevadas. La línea  principal se acopla a un emerillón ( nudo clinch o trilene) y el bajo se fija a un mosquetón con cualquiera de los nudos anteriores.

La disyuntiva entre uno u otro sistema se cierra mediante meditación sobre el gusto personal. Creo que, en un entorno de aguas tomadas, poco atenderá una lubina la presencia -o no- de hilo trenzado, pese a ser un a materia más visible que el nailon o el híbrido. También es factible empleo de bajo de fluorocarbono, pero no se topan con facilidad las numeraciones adecuadas, además de suponer un coste proporcionalmente elevado. Ya habituado, y sin remisión, no me separo del Seaguar en sección 0,47mm y 0,52mm.

Veamos tipos de imitaciones...

Minnows y vinilos reposarán esta jornada que apareció vestida de gris, con crespones blancos alimentando el percebe. Soy un apasionado de las cucharas de formato alargado, que más que cucharas se asemejan a formulas análogas al “chivo”. Yann, Flashmer y Halco, entre otras empresas, aciertan con prototipos que no defraudan al más potente aficionado.

Las cucharas verdaderamente ondulantes,  provistas de aerodinámica plana y un bello caminar entre la aguas, entran de lleno a competir sobre este terreno abrupto. Se lanzan relativamente bien (mejor en ausencia de viento frontal), dispondremos de un surtido amplio de modelos, colores, pesos... y son muy atractivas para peces como la lubina. En condiciones habituales de mar fuerte, con espuma, nos habremos de decantar por lastres elevados (por encima de 40 gramos) como primera medida, al efecto de combatir la acción del mar de fondo, con su tendencia a remover todo y levantar cualquier señuelo liviano.

Estos señuelos dan menos disgustos al pescador y podemos confiar en dejar unas paradas, seguidas de rápidas sacudidas (stop and go), técnica que otorgará un movimiento excitable a los mismos.

No podría acordarme del primer día en que reparé en ese artefacto alargado, con aspecto de haber sido realizado en vasto plomo de cañería, portador de una extraña “coleta”, de pelo...sí recordaré, con candoroso y evocador júbilo, la primerísima lubina, hace ya demasiados noviembres.

Hablamos de fórmulas que han alcanzado una tradición y que se dan por probadas. Tal es el caso de los “chivos”, una propuesta irrenunciable cuando el mar toma cierto cariz. A partir de 40 gramos hasta más de 100 gramos, contamos con un sinfín de combinaciones. Me impresiona la eficacia de los modelos tipo “delta” de 75, 85 y 95 gramos, unidades que más empleo. Las tonalidades del mechón varían desde el negro a un variable negro-pardo-blanco, todos en pelo natural de perilla de cabra o crin de caballo y las más modernas en pelo sintético de colores vivos ( rojo y naranja, principalmente) que dan resultados más que satisfactorios.

Dado la versatilidad del artificial, es factible hacerlo trabajar en proximidad del fondo o bien cerca de la superficie. Dependerá del ratio de recogida y, claro está: del conocimiento que previamente hallamos adquirido sobre el terreno en cuestión. Así sabremos, con el tiempo, dónde efectuar una parada del rotor, a fin que esa roballiza aprecie el cebo y se deje engatusar cuando la cola comienza su peculiar danza. Los destellos del niquelado brillante, junto con el movimiento ondulatorio del mechón -que simula un pez- son sus propiedades.

Productos parecidos fabrica la compañía Hopkins, pero no creo (sin haber gozado de su prueba) que merezcan una trato mejor que el ingenio “made in Spain”.

Efecto vibrante y decoración holográfica, a partir de 10,5 cm y 43 gramos... Es complicada la separación, mas seguro que entenderéis, sin problemas, las peculiaridades: un jig acostumbra a presentar una forma donde predomina la elongación, con interés por la imitación de pez. Se ha diseñado para pesca en profundidad (jigging), dando tirones tras haberlo hecho descender a cierto calado. No obstante, se han probado imitaciones que valen para el spinning costero. La forma de recuperación no admite dudas, extremo que impera si el contorno está plagado de bajíos: lance espectacular y recuperación inmediata con alta cadencia; en caso contrario –con paradas- enroque pronosticado. Mejor irá si el panorama se compone de canales algo profundos entre grandes bajos, donde pueda evolucionar cerca del fondo, atrayendo a una remisa robaliza apostada en la base de la piedra. Basan su acción en el movimiento y ondulación (más que nada una intensa vibración) del cuerpo, que suele venir decorado con estampaciones brillantes, algunas veces de tipo holográfico. Ejemplos: no hay muchos como el Viva parade (María-yamashita), un jig plenamente válido para spinning estándar, dotado de acción rápida y brillante destellos.

En la capa de agua más superficial, algunos diseños curiosos, que bien hace poco se van conociendo entre los aficionados. Entre ellos, unos señuelos concebidos por la prestigiosas Robert´s lures, Compañía de Estados Unidos. Forma romboidal estirada, efectos plateados, un solo anzuelo final; movimiento superficial, con tímidas intromisiones en la capa inmediata si bajamos la puntera de la caña y damos un tirón tipo “jerking”; sugerentes composiciones que se denominan Peppis, Rangers... y modelos que superan los 100 gramos, para alcanzar el “hiperespacio”, si la fuerza Beaufort no lo impide.

Todos en vigor, sin fecha de caducidad. La mayoría de lubinas llevan decenios persiguiendo estos reclamos, efectivos con mar, en condiciones que el serránido evoluciona.

Por más que he probado, al final mantengo activa mi colección de chivos piscis ondulado y delta; de pelo blanco, híbrido y naranja; en pesos desde los 45 a los 95-100 gramos... y no fallan, clavando más lubinas que ningún otro señuelo; Fe ciega...

Lugares...¡Huyuyuy...!

 

Inmerso en la redacción de un artículo dedicado con devoción al spinning pesado, no voy a pasear la vara por esa playa donde hemos mojado el bulrag o los stick baits. Hoy, se trata de concentrar la atención en el risco, sin perder nunca de vista el tren de ondas que en cualquier momento puede amenazar esta postura precaria. Desde parapetos sitos en los abundantes tramos de costa acantilada, buscando refugios de lubina; siempre contando con la presencia de factores geológicos como bajos, peñascos a una distancia que seamos capaces de lograr, arropados en nuestras dotes físicas y técnicas y en un óptimo equipo.

También en esos promontorios que saludan el paso desde una zona de costa abrupta a una ensenada recogida o a un sistema de playas; allá, en definitiva, por donde nos sugiere la configuración litoral que el morónido se verá obligado a circular en sus movimientos tróficos y sexuales.

Salpicadura espuma que bate mares de noroeste y de nordeste, tal es la variable  que acepta este pez. Pero, en invierno buscaremos ese sudoeste que apacigua algo el temporal que la borrasca centrada en el gran sol tratará de llevar cuando ese aire vire a noroeste, al temido norte y luego a un bonancible pero acortado aire de nordeste...es la ley meteorológica, aquí, en el norte.

Aprovecharemos en verano las nordestadas, que llamamos, No son en absoluto impedimento para tentar este prodigioso teleósteo, antes al contrario, será el momento de dejar en casa los minnows, imposibles de catapultar, anudar al mosquetón un chivo de 75gramos, o de 100 gramos, si de exprimir la potencia al máximo se trata.

Pero ese enfriamiento súbito puede alterar las poblaciones de peces pasto y alejar al bando de róbalos que se cebaba anteayer con estos señuelos. Recogidos en los coloquios de bar, atendemos la llegada de un frente de noroeste, de fuerte marejada ausente de masa de fondo...¡ahí las tendremos, una ocasión más! 

Desde tan torturadas teclas, dejo un espacio que abordará la imaginación de otra historia de pesca, amigos...

 

Carlos Redruello, para Robalizas.es
dsd

Coruña, a 10 de enero de 2.005

Última revisión a 4/06/2007

 

Agradecer a Carlos Redruello "Sargo loco" la colaboraciòn desinteresada y entusiasta que ha demostrado para con esta web y los registrados de este foro, muchas gracias.

©Carlos Redruello "sargoloco"

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